La Caída de Constantinopla: Un relato épico de conquista y resistencia

En el año 1453, Mehmet II, el joven sultán del Imperio Otomano, tenía como ambición conquistar Constantinopla y hacerla la capital de un nuevo imperio universal. El Imperio Romano, también conocido como el Bizantino, se encontraba debilitado por conflictos religiosos y por la invasión de los turcos en Asia Menor, el ascenso de las repúblicas marítimas italianas y el despertar de los pueblos eslavos de los Balcanes. A pesar de ello, el emperador Constantino XI se negó a someterse al sultán y con la ayuda de mercenarios y aliados se reunió una fuerza de defensa de alrededor de 17,000 hombres en la ciudad.

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El Asedio a Constantinopla

A pesar de las legendarias defensas de la ciudad, el 7 de abril de 1453 comenzó el gran asedio. El sultán Mehmet II construyó una gran fortaleza en la entrada del estrecho del Bósforo y cerró los caminos del mar y del comercio. Una flota de 125 galeras y fustas se apostó en los Dardanelos para cortar cualquier posible ayuda occidental, mientras que las fortalezas y ciudades romanas próximas a la ciudad fueron arrasadas y sus campos destruidos. Por su parte, el emperador apostó todo a la ayuda que Venecia y el Papado pudieran enviar.

Mehmet II lanzó oleada tras oleada de asaltantes sobre el sector más frágil de las defensas, convirtiendo la depresión del río Lycos en una ruta sangrienta. Los soldados romanos, genoveses, venecianos y otros aliados estaban revestidos de potentes armaduras y en la lucha cuerpo a cuerpo solían imponerse, mientras que el fuego de las culebrinas y de las máquinas de guerra cubrían a esos soldados, diezmando a la fuerza atacante. La Caída de Constantinopla: Un relato épico de conquista y resistencia A pesar de los daños causados por los cañones del sultán, los defensores reparaban las defensas durante la noche.

El Final del Imperio Romano

A pesar del valiente esfuerzo de los defensores, Mehmet II planeó un movimiento maestro. Sus ingenieros construyeron un camino por el monte que se alzaba en la península de Gálata, accediendo a las aguas interiores del Cuerno de Oro. Construyeron el camino a través de las lomas y el bosque, arrastrando 25 galeras turcas y amenazando las murallas marítimas. Desviaron hacia ellas a defensores que eran muy necesarios, y finalmente, tras una larga lucha, lograron penetrar la ciudad. El último emperador bizantino, Constantino XI, murió en combate y cerraba así una era de 2,206 años de la historia del mundo mediterráneo.

La Caída de Constantinopla significó el fin del Imperio Romano y el inicio de una nueva era. La ciudad fue renombrada como Estambul y se convirtió en la capital del Imperio Otomano. La Caída de Constantinopla: Un relato épico de conquista y resistencia Hoy en día, sus monumentos y vestigios históricos atestiguan de su importantísimo papel en la historia del mundo.

En el artículo se narra la intensa batalla que tuvo lugar durante la caída de Constantinopla en manos del ejército otomano liderado por el sultán Mehmet II, donde las murallas terrestres sufrieron fuertes ataques y asaltos cada vez más salvajes y duros.

El héroe de la defensa

El corsario Giustiniani, protegido con armadura y liderando a sus 700 hombres, se convirtió en un muro viviente contra el que se estrellaban las olas de enemigos. También soldados romanos, venecianos y contingentes de otras tierras demostraron valentía en el campo otomano. Sin embargo, comenzó a cundir el desánimo y aumentaron las murmuraciones contra el joven sultán.

Un esfuerzo final

A pesar de las dificultades, Mehmet II exigió un último esfuerzo a sus tropas y las lanzó de nuevo a la batalla. Los voluntarios fueron los primeros en precipitarse sobre las defensas, seguidos por soldados profesionales. La batalla alcanzó una intensidad inusitada, pero la unión entre los defensores cristianos se mantuvo firme. La Caída de Constantinopla: Un relato épico de conquista y resistencia

La retirada de Giustiniani

Giustiniani resultó herido y abandonó su puesto, dejando a sus hombres y provocando pánico. Los jenízaros turcos se sumaron al combate y desde el interior de la ciudad llegó un grito de espanto: los turcos estaban dentro. Una poterna había quedado abierta tras una salida y una grupo de guerreros ya habían penetrado en la ciudad, sembrando el pánico y causando el derrumbe de la defensa. Sin embargo, el valor de los defensores se mantuvo hasta el final.

La caída de Constantinopla

Los turcos arrasaron con todo, salvo algunos barrios como el del Fanal, que lograron que se les concediera la paz y fueron respetados. Los barcos cristianos llenos a rebosar de refugiados se lanzaron contra la cadena y tras dispersar a las galeras turcas que trataban de cerrarles el paso, lograron escapar. Constantinopla cerraba una época y se supo que un nuevo poder se alzaba.

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